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El alumno es su máxima autoridad

Esta mañana estaba revisando una de las mastermind grupales del mes de agosto, a veces hago esto porque me inspira muchísimo. Escucho a las alumnas profes y me escucho a mí. El caso es que esta mañana me ha tocado especialmente un tema que salió en esta mastermind en cuestión y lo quiero compartir por aquí, por si te hace sentido y te inspira a revisar tus propias maneras.


A veces asumimos en la práctica de yoga ciertos eslóganes muy instalados fuera de la esterilla, como el "si quieres puedes".

¡Oh, horror!

Ni en la vida ni en la esterilla.

No siempre que queremos podemos.

Seguir esa mierda de eslogan no va a hacer más que presionar para pasar por encima del cuerpo. Porque ¿qué pasa si mi cuerpo hoy no tiene energía disponible para eso que me gustaría, o que mi mente, mi ego inflado o mi adicción la validación externa quiere?

¿dónde queda ahí la escucha, la amabilidad y la honestidad?

Más que seguir la ruta de este eslogan arcaico y absurdo, mejor invitarnos e invitar al alumno a que entre en su cuerpo y en su energía para ver si hay una apertura a explorar e iniciar eso que se percibe como un reto.


Si a esto le unimos el hecho de que muchas personas ansían sentirse reconocidas desde fuera por lo bien que hacen las cosas, ¡acabáramos!

Tú como profe crees que estás animando a tu alumno,

le dices a Juanito que él es fuerte, que puede hacer tal postura, y cuando la hace, a pesar de sus infinitas resistencias físicas, le felicitas.

Juanito se pone muy contento por lo que ha hecho, porque se ha superado, pero en realidad lo que ha ocurrido es que ha pasado por encima las necesidades reales de su cuerpo y se ha hecho un poquito más adicto a la validación externa.

Pasado mañana Juanito vuelve a clase y se esfuerza muchísimo por hacer otra proeza , pero tú ese día no le prestas atención porque estás enfocada en otro alumno, y Juanito, al no sentirse reconocido, se va a casa frustrado y fatal.

¿Ves la ruta?


Todo esto tiene que ver con dónde estamos guiando la atención de nuestros alumnos. Queremos que se escuchen, que sientan sus cuerpos, sus posibles tensiones, sus banderas rojas, que sean testigos de sus discursos mentales con sus inercias, queremos que exploren rangos donde todavía hay cierta seguridad, y queremos que lo hagan por ellos mismos. Nuestros alumnos no tienen que demostrar nada a nadie y por supuesto no tienen que demostrarnos nada a los profesores. Su práctica es suya, ellos son los soberanos. Creo que es necesario devolverles a ellos el poder.


Y hay otra cosa que me gustaría traer aquí. Imagino que al igual que yo, tú también has tomado clases de yoga con profesores exigentes. A mí esa exigencia no me gustaba recibirla, así que cuando fui profe aprendí a maquillarla de amabilidad y me convertí en una profesora animadora, como las animadoras americanas, de tal manera que era una exigencia encubierta. Y cuando veía que seguían mis indicaciones les decía "qué bien",

"qué bonito",

"guau qué postura".

Ahora me he dado cuenta de que la línea es muy fina y que muchas veces ese honrar la postura final a la que han llegado con su cuerpo realmente no dice nada de ellos.

Ahora prefiero guiarles en un auto reconocimiento. "¿Cómo te sientes aquí?".

"Quieres probar a hacer esto a ver si te funciona?"

"Si está bien para ti y sientes energía disponible para esto entonces...".

"Elige de estas opciones cuál te acomoda más".


Es urgente dejar fuera el bastón de mando y dejar de imponer para comenzar a sugerir diferentes opciones y ofrecer la libertad de que sean ellos, en base a cómo se sienten, los que elijan lo que quieren o no hacer y que no dependan de tu valoración, para que así reconstruyan la confianza en ellos, que es donde la tienen que tener.


Y con esto no quiero decir que esté mal animar a los alumnos a profundizar o a ir más allá, la cuestión es desde dónde y hacia dónde está apuntando ese animar.

Lo importante es guiarlos a que se reconozcan a sí mismos para que de esta manera el día que a Juanito no le digas qué bien lo ha hecho o qué lejos ha llegado, sea él mismo el que lo vea y lo pueda honrar.




Ya me cuentas cuando leas esto si te ha tocado alguna fibra.


Con Amor,

Pilar.


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